jueves, 23 de julio de 2015

EL CARTEL LUMINOSO en Revista Cantárida



            El cartel luminoso medía tres metros de alto y dos de ancho, palmo más, palmo menos. Estaba elevado del suelo sobre dos patas fuertes ancladas a la acera y un cable soterrado lo conectaba con el ordenador del ayuntamiento, al otro lado de la calle. Era un modelo muy caro pero horrible, feo como él solo, no le gustaba a nadie, quedaba espantoso rodeado de casas centenarias, no hubo más que quejas durante la instalación. Lo estrenaron la semana de las fiestas patronales y cada día informaba de los  eventos y de sus patrocinadores, pero el lunes siguiente la programación se quedó en básicos: nombre y teléfono del ayuntamiento (barritas coloradas y azules que se funden en el centro), número de urgencias del ambulatorio (cuadrados verdes que estallan hacia los márgenes) y número de teléfono en tamaño gigantesco, parpadeante, de asistencia a los malos tratos (fundido en rosa). Cambiaba de imagen cada treinta segundos, se apagaba solo de doce de la noche a seis de la mañana.
            El martes, imagino, a eso de las seis y media, cuando el repartidor de periódicos dejaba su paquete en la puerta de la librería, junto al ayuntamiento, le dijo a un vecino madrugador que paseaba al perro: Menuda mierda de cartel habéis puesto aquí. Y el vecino le respondió: Y que lo digas, yo no maltrato a mi perro. Acto seguido, el vecino llevó al perrillo junto a la pata del cartel que tiene el cajetín de conexión y le dijo: Mea, pero el perro no meaba, y él le levantó la pata trasera y el perrillo acojonado soltó unas gotas. Aunque la orina era poca, el olor era intenso, lo suficiente para que a las nueve meara allí otro perro y luego otro, y otro. A mediodía habían meado allí todos los perros de la zona y el cartel tuvo un cortocircuito y se quedó congelado en el teléfono de malos tratos. Además, la imagen tenía una intensidad hiriente, demasiado luminosa, no daba tiempo a leer el mensaje y tenías que apartar la mirada. Lo comprobé yo mismo, a media tarde, cuando me llamaron al móvil y tuve que añadirlo a mi lista de averías.
            Como la cosa parecía seria, y estaba acabando mi jornada, desconecté el cartel prometiendo que volvería a primera hora, pero no pude hacerlo por una urgencia en un luminoso del hospital, que es preferente, total, que fui a las once, la chica del ayuntamiento lo había encendido con el agresivo teléfono de malos tratos y ya le habían arreado al cartel un golpe con un coche. El cajetín estaba abollado, cerraba mal, tuve que limpiarlo, rehacer las conexiones, cambiarle la cerradura y rociarle un repelente de perros. Lo encendí, comprobé desde la oficina que funcionaba, la chica me firmó la tarea y cuando salí había un hombre, no un niño, de más de cincuenta años, que rayaba en el aluminio con una piedra puntiaguda la última A de A LA MIERDA. Su mujer, a diez metros de él, miraba al suelo, como no queriendo fijarse en el cartel. El hombre miró con ojos rupestres su obra, luego me miró a mí, caminó hacia su mujer y le dijo: Arreando.
            El miércoles, camino de otra parte, pasé junto al cartel y las patas y la base de la pantalla parecían un retrete público. Había medio centenar de pintadas y rayadas. Me detuve a sacarles una foto porque ya sospechaba que me tocaría borrarlas a mí, y el jueves, a las ocho en punto, encendí la pulidora y me pasé dos horas eliminando hermosuras como: ¿Follar son malos tratos?¿Llamo a la pasma para que le peguen ellos? Chúpamela o te hostio. Llama-guapa-venga. Eres más puta que tu madre. No me busques. Lo piden a gritos. Y un despistado que decía: Nuevo ambulatorio Ya. Después de pulir aquello, previa consulta con el ayuntamiento, le remaché cuatro plaquitas metálicas, indicadas para pueblos asilvestrados, en las que se advierte que deteriorar el mobiliario público está penalizado por la ley.
            Funcionó. El jueves no me llamaron. Pero el viernes sí, por un garrotazo en el centro de la pantalla. La de un lado. Y, en lo que tardé el llegar, también la del otro lado. El alcalde, muy amigo de mi jefe, estaba con la chica del ayuntamiento y les informé de que eso se consideraba vandalismo y no entraba en la garantía y me miraron como a un bicho y el alcalde llamó a mi jefe y mi jefe me dijo: Cuidado, chaval. Así que el sábado me fui al monte y dejé el móvil en casa. El domingo estuve fuera de cobertura. El lunes, el jefe me lo reprochó y me envió de nuevo al pueblo. Tuve que ir con el camión grande, que tiene grúa, y retiré el cartel. Estaba tirado en el suelo. Le había pasado por encima el tráiler de la cementera, marcha atrás, que no se había dado cuenta, oye, un despiste. Todavía estaba conectado, con el teléfono de malos tratos parpadeando, incompleto. Solo por eso no pude llamarles.

publicado en Revista Cantárida


miércoles, 15 de julio de 2015

PRESENTACIÓN Torrelavega DLIBROS 3 julio 2015


Presentación de El pozo séptico (la primera), junto con Frontera de carne. Ojalá todas las presentaciones se parezcan a ésta. Muy a gusto en DLibros.

miércoles, 1 de julio de 2015

CASA DEL LIBRO-Bilbao 2015-Presentación Frontera de carne




       Hablando de poesía, parapente y las patas fabulosas de mi perro el Bosco.

    CASA del LIBRO-Bilbao. Presentación de Frontera de carne. 30 de junio 2015


domingo, 28 de junio de 2015

EL VÉRTIGO-Frontera de carne, CASA DEL LIBRO-BILBAO




                         El vértigo
                         es mi brújula.


de Frontera de carne, pag. 7
Arte Activo Ediciones 2015


Presentación 30  de Junio, 19 h. en CASA DEL LIBRO, Alameda de Urquijo, 9 BILBAO

jueves, 25 de junio de 2015

MEDIOCABALLO.COM en Photowriting de Paula Arbide


mediocaballo.com

    CINCO son los motivos que nos han llevado a escoger la fotografía de Paula Arbide titulada Viejo caballo blanco sobre fondo negro como imagen de cabecera de mediocaballo.com:
     —La evidente espiritualidad del caballo retratado, lleno de dignidad y presencia, con la brida firme y la mirada escondida, como un vínculo certero entre los dos mundos.
     —La elección del blanco y negro, con predominio del negro, sugiriendo así que la luz de lo real retrocede ante la oscuridad del sueño.
     —La perfección del encuadre, al ocultar en la sombra medio caballo, coincidiendo con el nombre de esta página,  nacida para la recuperación urgente de los símbolos.
     —La capacidad de sugerencia del conjunto, ya que basta una simple mirada a la foto para hacerse cargo de la situación crítica en la que nos encontramos actualmente, donde sólo uno de cada cien individuos es capaz de soñar y, cuando lo hace, sueña con medios perros, medios dragones, medios caballos y el resto de los símbolos en trance de desaparición.
     —Y las orejas. Las orejas atentas del caballo. Esas orejas que combaten por nosotros entre la luz y la sombra. Ese gesto de alerta. La llamada quieta a la acción inmediata, antes de que perdamos un referente humano fundamental. Porque si nada es símbolo de nada, la Nada lo será todo.

                                                                                                                         


martes, 23 de junio de 2015

TODAS LAS LÁGRIMAS QUE NO LLORÉ-Frontera de carne


Todas las lágrimas que no lloré
de niño las estoy llorando ahora,
y son, como entonces, lágrimas secas,
de furia y de pavor, porque era cierto
y no tenía ni cura ni remedio.

Esto es lo real
la vida es el cuento.
Vacío la casa de gente
la lleno de pensamiento.


de Frontera de carne, pag. 45.
Arte Activo Ediciones 2015


PRÓXIMO MARTES día 30, a las 19 horas en
BILBAO. CASA del LIBRO, Alameda de Urquijo, 9

lunes, 22 de junio de 2015

LA RAZÓN HA PERDIDO-Presentaciones Frontera de carne



                                        La razón ha perdido
                                        el asidero. Caen
                                        migajas infantiles
                                        reclamando la pérdida
                                        prometida.


de Frontera de carne, pag. 15
Foto Paula Arranz


PRÓXIMAS PRESENTACIONES:

BILBAO: 30 de junio, martes, 19 horas. CASA del LIBRO-Alameda de Urquijo, 9

TORRELAVEGA: 3 de julio, viernes, 20 horas-DLIBROS-Lasaga Larreta, 11